Dámaso Jiménez: Caño Sawa en la alta guajira: desnutrición y deserción escolar

Dámaso Jiménez: Caño Sawa en la alta guajira: desnutrición y deserción escolar

435
0
COMPARTIR

Cientos de niños en la alta guajira comienzan a desertar de las escuelas por falta de alimentos. Caño Sawa es una de los pueblos con mayor deserción escolar. Transparencia Venezuela asegura que hay desnutrición en La Guajira aunque el gobierno pretende ignorar el problema ocultando las cifras.

Dámaso Jiménez

Fotografías: Gustavo Bauer

Magalys Rosa López y Rosalinda López son madre e hija, viven en Caño Sawa y tienen bajo su responsabilidad más de 10 muchachos que corretean durante todo el día detrás de un balón del que solo va quedando la tripa.

Afuera se van sumando otros niños de la playa, algunos de vez en cuando pelean para darle patadas a la pelota, otros simplemente observan, famélicos, sin energía.

“El balón fue un regalo del mar para entretenerlos”, nos dice Magalys Rosa, una mujer recia de rasgos indígenas de unos 55 años, para referirse a la bola deforme que fue encontrada hace unos días flotando en el mar y que pasó de inmediato a convertirse en el principal pasatiempo de cientos de niños que no tienen nada que hacer, a pesar que estudian en las escuelas Fe y Alegría y Bolivariana de Paraguaipoa.

Han ido abandonando sus tareas de a poco en los últimos meses ante el auge del hambre y la miseria que se intensifica en sus casas a orillas del mar Caribe, ubicadas a escasos metros de la frontera con Colombia.

Caño Sawa

Sus padres tampoco pueden llevarlos como antes a sus escuelas porque cada vez disponen de menos recursos y tiempo. La mayoría tuvieron que abandonar la pesca porque dejó de ser rentable y no puede competir con otros alimentos que solo se expenden en el mercado negro o luego de horas extenuantes de colas “bachaqueando”. Sin embargo algunas otras familias siguen aferrándose a la tradición y pasan largas jornadas en el mar tratando de pescar o llevar alguna proteína para sus hogares.

Caño Sawa 2

Caño Sawa es un pueblo de pescadores a la orilla de una de las playas solitarias más bellas y extensas del país. Un paraíso para el turismo de la subregión fronteriza a escasos 10 minutos del hito “número 1” en Castillete donde comienza Venezuela. Lo irónico es que a pesar de su belleza nunca ha sido potencializado para proveer recursos y divisas a través del turismo, a juicio de algunos conocedores de la situación del contrabando y el narcotráfico de la zona, por intereses empeñados en que la bahía no sea visitada ni conocida por nadie para sus ilegales propósitos.

Desde sus orillas se vislumbran las montañas de Colombia en el Golfo de Venezuela al igual que un cementerio de embarcaciones en desuso y piezas de motores para lanchas completamente destartalados como consecuencia de la crisis que agobia el país, cuyos vehículos se van quedando sin repuestos y por lo tanto  se convierten en piezas inútiles para su propósito.

Caño Sawa

Sobre la misma playa

La necesidad, el hambre y la miseria han obligado a buena parte de sus pobladores a migrar de su empobrecido entorno para hacer colas en los supermercados de Maracaibo, porque los Mercales y Pdvales de La Guajira han ido cerrando sus puertas y los habitantes  de Caño Sawa no escapan a los despiadados precios que marcan los productos desde el mercado Los Filuos en Paraguaipoa hasta Maicao y Uribia.

Con el ímpetu de una matrona, Sinira González, hace la observación que van para dos meses continuos sin luz eléctrica y reitera con cierto enojo que Corpoelec los tiene engañados, porque cuando asisten al llamado de emergencia les cobran hasta 3 mil bolívares por vivienda para activarles la electricidad, pero a las horas se cae de nuevo la conexión,  arrastrándolos de nuevo a la oscuridad y despojándolos de lo poco que tienen.

Caño Sawa L3

Pocas embarcaciones quedan en pie y solo algunos adolescentes se dedican a acompañar a los mayores a traer el sustento diario tanto en la mañana como en la noche. La necesidad ha obligado a buena parte de sus pobladores a dejar la pesca y dedicarse al contrabando con sus motos, en las que se trasladan por las trochas hasta Colombia, incluso a otros asentamientos y comunidades más cercanas para movilizar gasolina o alimentos.

La crítica situación ha generado incluso algunos enfrentamientos entre familias, porque mientras algunos contrabandean, otros no pueden hacerlo o se rehúsan. Lo malo es que estos últimos no pueden comprar alimentos, agua y gasolina a los elevados precios que existen en las inmediaciones de la alta guajira, por lo que ese grupo esta condenado a comer solo arroz, a veces granos o vísceras de chivo u ovejo solo una vez al día.

Caño Sawa 3

Alarma de desnutrición

“Aquí lo que hay es hambre”, asegura Magaly Rosa López, quien se muestra decepcionada porque no ve a nadie haciendo nada para resolver la enorme crisis que enfrentan.

En su casa por ejemplo hacen una ración de medio kilo de arroz que acompañan con algún pescado que desmenuzan en fibras para que alcance para todos. Comen bocados con las manos y es lo único con lo que pasan el día y la noche una familia integrada por casi 10 personas.

Antes llegaban los políticos para retratarse con ellos y eventualmente dejaban alguna ayuda, ahora que son gobernantes se olvidaron del lugar.

Los habitantes de Caño Sawa destacan que la crisis se apoderó como nunca antes de su entorno de pobreza. Carecen de infraestructura, no tienen escuelas, ni ambulatorios, ni cloacas, pero reclaman que antes tenían al menos que comer. La inflación, el encarecimiento indetenible de la comida y el contrabando les despoja el pan de la boca y ya no pueden seguir ignorándolo como si no estuviera pasando.

El tema de la reciente mortalidad de 29 niños en la Guajira colombiana por desnutrición pende sobre esta población de unos mil habitantes que se encuentra en medio de dos zonas completamente devastadas.

En Colombia las cifras no son muy claras ya que responsabilizan a los medios del hermano país de “sensacionalizar” la tragedia al asegurar que más de 5 mil niños están afectados por la morbilidad, pero lo cierto es que se desconocen cifras reales del problema. El gobierno colombiano alega que los alcaldes de la zona de La Guajira no han entregado cifras veraces o que son incompletas.

En Venezuela son un secreto de Estado o un misterio. El INN se niega atender medios. La Dirección Regional de Epidemiología no entrega cifras epidemiológicas desde hace 3 años.  La situación de la desnutrición en Venezuela es manejada con el mismo secretismo con el que fueron manejados los casos de zika o chikungunya. Solo la pediatra Lisbeth Villarroel de la dirección municipal de salud de Maracaibo adelantó que según un estudio realizado en barrios con población de indígenas en la zona oeste de Maracaibo,  4 de cada 10 niños sufren de malnutrición.

Las autoridades de la región consideran que no hay motivos suficientes para prender las alarmas y alegan que el tema de la desnutrición es una situación exclusiva de la guajira en territorio colombiano como consecuencia de la sequía incesante.

“Lo que olvida el gobernador del Zulia, Arias Cárdenas, y el alcalde de la guajira, Hebert Chacón, es que la situación de este lado de la frontera es peor que en Colombia porque además de la sequía, prevalece la escasez de alimentos, la falta de agua y la falta de electricidad”, nos dice Rosalinda López, madre de 4 niños que cria también sus sobrinos y que recientemente fue despedida como enfermera del hospital binacional de Paraguaipoa.

López manifiesta estar preocupada por la situación económicamente crítica del país y el auge de la desnutrición en la Guajira colombiana que ya se vislumbra en este lado de la frontera.

Reitera que muchos niños son llevados al hospital binacional con diversos síntomas pero a todos le dan el mismo tratamiento que a los enfermos del zika, es decir, los envían a sus casas porque no hay medicinas.

El coordinador regional de Transparencia Venezuela, Jesús Urbina, considera que si la desnutrición golpea fuertemente al Depatamento de La Guajira en Colombia, con más razón debe estar haciendo estragos entre los indígenas de la etnia wayuu que viven en caseríos alejados en Venezuela, donde se carece de servicios esenciales, y se acelera una auge de escasez de alimentos y medicinas mucho más fuerte que en el resto del país.

“Es necesario que tanto el gobierno regional como nacional sinceren las cifras en torno a este problema en la Guajira venezolana que esta afectando a los niños venezolanos. Elproblema no puede serguir ocultándose, hay desnutrición en la Guajira”, acotó el representante de Transparencia Venezuela.

Considera que no deben existir cifras de afectados o víctimas mortales por desnutrición porque muchos de los caserios son alejados de las zonas de mayor movimiento como Paraguaipoa o Sinamaica y no se trasladan hacia los centros de salud o no se realizan censos de la línea más sensible a este tipo de flagelos.

Jayariyu Farias Montiel, directora del periódico indígena “Wayuunaiki”, manifestó su preocupación por la cantidad de niños afectados en Caño Sawa que engrosan las cifras de deserción escolar e hizo un llamado a la sensibilidad de los gobernantes de atender la crisis con infraestructura inmediata para ambulatorios, escuelas, así como alimentos y medicinas.

@damasojimenez

@fotografobauer

Fotoportada: Juan Lauretta

 

 

SIN COMENTARIOS

Dejar una respuesta