@damasojimenez: Al descubierto

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Todo comenzó con violencia y ya saben que lo que comienza con violencia termina mal. Todo este zaperoco se armó en el patio de la casa donde estaba la pipa de las cervezas.

Para llegar allí tenías que ser malandro de la zona, la mamita de uno de ellos o un jibarito lleva y trae adolescente, o como yo, un pendejo que fue a buscar una plata que necesitaban en mi casa.

Fablinda llegó temprano a la fiesta, -no lo digo más- de la casita amarilla de la calle 47 del sector el escondido de San Jacinto, iluminando como una luciérnaga hembra que emite estelas hipnóticas de deseo y amor a cada paso, en la estampida de su cinética sonrisa, en su andar de potra desbocada, y en ese anunciado abc de complicaciones y problemas que era toda ella. Estaba sola y buscaba un nuevo marido.

Alborotados se encontraban todos y adoloridas de la envidia las presentes, que empujaban de vez en cuando a sus parejas y ponían mala cara a su paso.

Ya para las 10 de la noche la chica se paseo agarrada de la mano con una amiga suya cuando empezó a sonar “Lloraras y Lloraras” y “Taboga taboga mía” de Oscar D´León, y las cervecitas ligadas con sustancias psicotrópicas comenzaron a subirse a la cabeza de los panas burdas y todo se volvió alegría y derrape del corazón entre los invitados de ojos vidriosos de la fiesta de mi hermano, todos me saludaban y me retenían con sus historias arbolarias de plomo y plomo parejo, de enfrentamientos con la tombería local, que si la cara de la vieja atracada esta mañana a la que casi le da un infarto en el sitio, del sifrinito que se puso payaso y no quiso entregar la camioneta y pum, se me fue un tiro, “por Dios que no quería dejarlo en el sitio, pero creí que estaba armado”.

Mi madre me dijo que si Benigno no me había dado la plata que nos había prometido para antes de la medianoche, pidiera un taxi y me fuera derechito pa la casa, que no oliera, ni fumara, ni metiera ni sacara, ni tocara, ni probara nada que me ofreciera nadie con la sonrisa de oreja a oreja, y que cuando escuchara una patrulla hiciera lo que hace todo el mundo, correr bien duro hasta llegar a salvo a ninguna parte.

La banda de Jim West llegó al lugar pero no entró, faltaban cervezas y alguien me dio una paquita de billetes para que me encargara de la situación, Alex Ballena salió al paso y buscó calmar las bravuconadas de los recién llegados, quienes exigían la parte del botín de uno de sus miembros que quedó en el sitio en el robo de una joyería ocurrida poco antes. Antes de salir, mi hermano se besaba delante de todo el mundo con Fablina, la exmujer de Jim West.

Salí como un tornado de la casa con la paquita de dinero en el bolsillo, había recibido más porque me confundieron con uno de los lleva y trae, me dieron una carretilla con cervezas y deje que me acompañara Seven up, un joven de 16 años, quien a pesar de lucir problemático me dio un trato especial en el lugar.

Me dijo que llevaba días sin dormir, con un gran peso en el alma como una piedra que te jalaba las entrañas hasta la mierda del piso, y que no podía recuperarse de la muerte de Osvaldo, esposo de una hermana que fungía como el gran líder de la banda que ahora era de mi hermano, y que entre atraco y atraco lo trataba como un gran padre.

En menos de un mes perdió también un hermano baleado en la calle y había desaparecido súbitamente su madre

Su historia era la depresión en pasta en la antesala del suicidio y sin embargo actuaba como un ser normal bajo los efectos del dolor, pero ya decía Seven up un dicho que se le quedó grabado de Osvaldo, “que había que tomarse las cosas con calma porque no cabía duda que el infierno se encontraba en la tierra”.

Las patrullas comenzaron a subir en caravana y el tiroteo comenzó de forma instantánea cuando aún estábamos abajo comprando las cervezas.

Recordé las palabras de mi madre, corre en cuanto escuches la sirena o apenas tengas la plata de tu hermano en la mano.

La verdad no sabía lo que estaba pasando. Seven up me dijo que subiéramos y un halo visceral de luz me envalentonó apenas mi nuevo amigo sacó su punto 38 de debajo de su franela.

El miedo se apoderó de todos los nervios de la columna y me paralizó por varios minutos. La verdad no supe a dónde correr. De arriba a abajo veíamos rodar los casquillos, la policía irrumpió en el interior del establecimiento, la operación limpieza duró 5 minutos, la comenzó Fablinda desde el interior de la habitación, mi hermano y toda su banda estaban destrozados por los disparos, Fablinda salió señalándome con la mágnum, mientras Seven up yacía en el suelo producto de un disparo que lo dejó fulminado a mi lado. Estaba descubierto, me delataron, no hay crimen perfecto y como en verdad ya tenía 18 pero era un enano, me pusieron a pagar caro. Ya no digo más.

Dámaso Jiménez @damasojimenez

Publicado 28th April 2013 por El blog de Dámaso Jiménez

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