@damasojimenez: Las FARC y la frontera

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Parece que no fue el triunfo del No en el plebiscito por la paz en Colombia lo que tomó a todo el mundo por sorpresa el domingo por la tarde sino las reacciones a posteriori, esas que se generaron luego del “pírrico y “estrechísimo” 0,40% que desinfló las intenciones sobrevaluadas del combo habanero. El resultado obliga a las FARC a bajar las expectativas luego de tantos cuestionamientos embarrados de realidad. Colombia despertó al continente con el resultado.

No era para menos, perdió la opción que utilizó recursos milmillonarios provenientes quien sabe de dónde para maquinar durante 4 años a puertas cerradas, en el más hermético confinamiento, con una hegemonía a su disposición, la fórmula que permitiría al clan de los Castro tomar el poder en Colombia de forma directa y así dar oxigeno a los desgastados gobiernos de Maduro, Evo y Correa, ninguno de los cuales aguantaría en este momento un round comicial.

Le tocó al emporio castrista del eje La Habana-Caracas-Bogotá intentar manipular la idea de que la paz es un valor representado por el ejército más despiadado que haya existido en la historia de Colombia y zonas circunvecinas, mientras en este mundo al revés la guerra era una malévola conjunción preparada por las víctimas, sus familiares, los ciudadanos que temen el recrudecimiento del conflicto y todo aquel que ve un peligro latente en la incursión de las FARC en el status político colombiano.

El triunfo del NO demostró que ambos sectores quieren la paz, pero mejor pensada, sin chantaje, como la vendió Santos bajo la amenaza de una guerra urbana más implacable que la vivida por los colombianos estos últimos 52 años. Hasta ahora la opción ganadora solo propone revisar en profundidad el pliego de los acuerdos.
El SI de Santos representó una paz cosmética, no profunda ni sentida, un manual de estilo para la entrega del poder político a una de las organizaciones armadas y cartelizadas más violentas de la historia de Colombia, con amplia repercusión no solo en la frontera de Venezuela sino también en su gobierno.

Según trabajo del periodista Malcom Álvarez-James, las autoridades norteamericanas sospechan que las FARC controlan buena parte de la producción y distribución del narcotráfico en Colombia. Con todo ese dinero manejando el poder no tardarían en doblegar y corromper las instituciones y voluntades dentro de las instituciones del Estado.

Santos anunció que se mantendrá el alto al fuego mientras se convocan nuevamente las negociaciones e invitó a toda Colombia a discutir una nueva base para los acuerdos. Lo importante es que la medida fue aceptada de inmediato desde La Habana por un secretariado que intenta lucir como garante de la paz olvidando la ferocidad de antaño. “Hasta la crueldad cansa”, diría la letra de un narcocorrío que relata la espera de unos señores entrados en años, disfrutando de un perfumado tabaco de marca mientras esperan los resultados con aires de favoritismo desde sus cómodas poltronas de cuero.

El temido Timoleón Jiménez, alias “Timochenko”, no se fue a la guerra como vaticinó Santos, sino que reveló su disposición de mantenerse en su “voluntad de paz” y de usar solamente la palabra “como arma de construcción hacia el futuro”.

Lamentó eso si que existan “seres cargados de rencor y odio” capaces de sembrar esa imagen negativa de las FARC que influyó en la opinión de los colombianos que votaron en su contra. Sin embargo ni para Timochenko, ni para Maduro ni para Castro los resultados fueron una derrota, ya que consideran que más temprano que tarde tomarán el poder. Solo les faltó el “Por ahora”.

Lo que preocupa son las consecuencias de los resultados a lo largo de la frontera desde Castillete hasta el Cruce, muy cerca de río de Oro en el municipio Catatumbo del estado Zulia.

El corresponsal en Washington de ABC de España, Emil J. Blasco, ha referido en diversas oportunidades que tanto la FARC como el gobierno venezolano mantienen negocios ilícitos transfronterizos. Informes revelan que en la frontera se encuentren activados unos 1.500 guerrilleros y 84 campamentos de las FARC y el ELN. Expertos aseguran que uno de los principales dolores de cabeza en la etapa postplebiscito serán las economías ilegales en las zonas de frontera. Los datos indican que 70% de la tropa del ELN y 30% de las FARC se encuentran en las zonas fronterizas de Venezuela y Ecuador, no en Colombia.

Hay quienes aseguran que el cierre fronterizo llevado a cabo por Maduro desde septiembre del 2015 fue parte de la estrategia de la FARC para bajar el flujo de intercambio, contrabando, vehículos de carga y mantener cierta “tranquilidad en la frontera” que sirviera a la insurgencia como territorio de despeje y distensión, mientras se culminaba el proceso de paz.

Una vez culminada la firma y el apretón de manos, el acuerdo quedó en el limbo luego de la explosiva derrota. Habría que preguntarse si Maduro mantendrá cerrada la frontera o esperará nuevas estrategias desde La Habana después de estos resultados. Recordemos que el cierre de la frontera ha impedido que los venezolanos busquen alimentos y medicinas en la peor crisis humanitaria que haya enfrentado.

@damasojimenez

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