@damasojimenez: Motoclips con sonido de autopista

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Arrancó en primera y mantuvo el equilibrio. Pisó segunda y soltó el croche.

Escuchó el esdrújulo sonido del motor siete cincuenta.

Respiró y tragó un buen bocado de inmediatez. Miró hacia la derecha para palpar con sus ojos la teoría del Movimiento Rectilíneo Uniforme.

Apretó croche. Subió a tercera. Aceleró a sesenta, setenta, ochenta, y luego a ciento veinte. Y después a doscientos. El aire remozaba su rostro metálico y tensaba una larga y dura sonrisa emocionada. En tal intensidad, su cuerpo sólo se adhería a la ley del mínimo esfuerzo, ya no respiraba porque el aire le penetraba los poros, el pelo y los oídos. El sólo lo expulsaba. Imaginaba que estaba expulsando el aire.

El crujir del motor, como único sonido de un videoclip interminable en sus gafas ahumadas, hacía estragos en las imágenes del nervio óptico del otro motor, el del sensitivo del ce…re…bro, e…re…bro, re…bro, e…bro.

Qué importaba —pensaba que decía—, o acaso no era él un enviado más de la secta universal de Los misterios irreverentes del tiempo; y esto, señoras y señores es un trabajo muy serio, sobre todo cuando se trabaja montado en la máquina, como en la historia del Kraken y los combatientes príncipes de las Motis Paciales, que si no fueran, y menos mal, miembros de la secta universal de Los misterios irreverentes del tiempo, no habrían llegado a descubrir el endeble cuerpo del alucinado moribundo éste que se llamaba…
La velocidad se hacía cálida. Vivía, y cada segundo se convertía en siglos de imágenes donde no había tiempo para las palabras. En tal velocidad, ellas sólo se deshacen frágiles por el viento que parte en dos una máquina siete cincuenta pesada y terrible.

Soltó el croche y mantuvo firmemente el acelerador volando al ras de un espacio lineal e indivisible.

Don Quijote de la Mancha!, gritó mientras imaginaba que leía nuevamente la historia del Kraken en aquella vieja revista fantástica. Don Quijote era el viejo y alucinado moribundo este que viajaba por el tiempo y el espacio buscando una mujer y un gordito que recorrían interminablemente el universo acompañados de los Motis Paciales.

La máquina rodaba infinita, solitaria, tragada por la negritud ardiente de una autopista que no mostraba su fin. En el Kraken, Don Quijote desapareció y los combatientes príncipes de las Motis Paciales se quedaron solos y decidieron no viajar más, sino esperar el regreso del líder, o esperar el fin.

Pisó cuarta y la velocidad se convirtió en grosería. Ya no respiraba porque ya no eran moto y hombre, ce…re.,.bro y máquina, tacto y objeto. Se era aire,luz, velocidad. El peligro era sólo una palabra de ficción. El aire los respiraba.

Alzó su pecho y la rueda delantera se dirigió hacia arriba apuntando el espacio. Sentía largo el atrevimiento.

El aire —reflexionó nuevamente, ya como personaje— es una condición humana. Una condición única e irreversible. Se es aire y luego no se es más nada. Una metáfora era el medio para pasar de un estado a otro. Era una ley para todo.
En el horizonte se divisaba un enorme faro rojo sobre una coyuntura de cemento y un letrero negro y grande sobre fondo amarillo señalaba: Maracaibo (flecha en sucesivas curvas hacia arriba).

Tocó la contención de los frenos delicadamente. Rozó la palma de la otra mano sobre el cilindro para acelerar. La velocidad era irrepetible. Soltó las manos y afirmó el equilibrio. Se lanzó a flotar hacia arriba, hacia adelante, hacia atrás.

El viento se lo llevó muy lejos del impacto.

Dámaso Jiménez
@damasojimenez
Publicado 28th April 2013 por El blog de Dámaso Jiménez

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