Jonathan Jakubowicz: “Hay chavismos que no se curan sino con eutanasia”

Jonathan Jakubowicz: “Hay chavismos que no se curan sino con eutanasia”

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Dámaso Jiménez

Jonathan Jakubowicz, el cineasta y escritor venezolano, que se dio a conocer en la filmografía mundial con su opera prima “Secuestro Express”, nominada a Mejor Película Extranjera en los British Independent Fil Awards en 2005, luego con Manos de Piedra en 2016, fue recientemente galardonado a mediados de este año con el Premio de la Paz del cine Alemán por su película “Resistencia”, una película biográfica sobre Marcel Marceau, el famoso artista y mimo francés, en el marco de la oscura época del holocausto, en la que el creador de origen judío hace hincapié en los elementos de la resistencia y la bondad que llevaron a salvar innumerables vidas.

Paralelamente Jakubowicz quiso darle continuidad a Las Aventuras de Juan Planchard, publicada en 2016, donde se relata la vida de un boliburgués chavista, un personaje inaudito que emergió desde las entrañas de una revolución corrupta, en la que la riqueza, lujo y poder de una cúpula y sus testaferros contrasta con la destrucción de todo un país.

En esta segunda parte Planchard cuenta con 33 años, 6 de ellos dentro de una cárcel en los Estados Unidos y le dan la oportunidad de ser un informante de la CIA con ayuda de infiltrados en la dictadura. Planchard regresa a un país devastado y sin leyes que es gobernado por una organización criminal psicópata y violenta.

  • ¿Cómo fue el proceso de recopilación de anécdotas e investigación de la veracidad de las historias?
  • Para ambos libros tuve la oportunidad de hablar con gente que ha estado involucrada en toda la red de corrupción del chavismo, así como con agentes de inteligencia que han estado investigando a la revolución desde el principio. Además hay personas que me mandan información, a veces de manera anónima. Son muchos los que quieren que esta realidad se sepa, y que quede testimonio de la magnitud del peo en el que estamos metidos. Pero nunca me he reunido con funcionarios del régimen, ni altos ni bajos. No creo que se atrevan a hablar conmigo. 
  • En esta segunda entrega Planchard asoma más como un vengador de la rabia colectiva. ¿Cree en la necesidad de redención y el perdón, incluso para muchos de estos  personajes que fueron parte de la grave destrucción del país?
  • Creo que hay chavismos que no se curan sino con eutanasia. Pero Venezuela no es el primer país que fue seducido por una ideología criminal. En algún momento habrá que hacer juicios de alto perfil, y varios tendrán que pagar. Pero nadie puede negar que un porcentaje significativo del país cayó en la trampa de Chávez. Esa gente debe pedir perdón y estará en manos de la sociedad decidir si los perdona. Yo creo firmemente que cualquier persona que haya apoyado a Chávez, no sólo es un imbécil sino que probablemente tiene tendencia al crimen. Pero ese porcentaje del país es tan elevado que no es realista imaginar una Venezuela sin ellos. 
  • ¿Así como describió La Tumba quedaría para una próxima entrega demostrar el modus operandi de crímenes como el narcotráfico, o ahondar en la geopolítica del uranio, o las redes del lavado como las de Álex Saab?
  • Las novelas explican la estructura de los guisos revolucionarios, no detallan uno en particular. Pero hay muchos lectores que, como usted, señalan casos de la vida real que se parecen mucho a los descritos en la trama de Juan Planchard.  La Tumba sí me pareció fundamental reflejarla con lujo de detalles pues siento que puso en otra categoría la violación sistemática de los derechos humanos perpetrada por la dictadura. Fue muy difícil escribir ese capítulo. En general escribir estas novelas es divertido pero lo de La Tumba me quebró. Lo escribí entre lágrimas y cada vez que lo releo me vuelve leña. La información vino de varias de las víctimas, y de uno de los torturadores, quien ahora es testigo protegido en Miami. 
  • ¿Por qué personajes como Temir Porras, Maximiliam Arbelaiz y Alejandro Betancourt resultaron siendo los grandes olvidados en el relato?
  • Cada lector puede ver en la novela a los personajes de la vida real que le parezca que están reflejados. Salvo los que figuran con nombre y apellido, todos están construidos como un compendio de varios arquetipos de guisadores revolucionarios. El Juan del primer libro está viviendo la era dorada del chavismo, ese momento de abundancia económica en el que se repartían guisos de millones de dólares por doquier. El Juan del segundo libro acaba de pasar seis años en una cárcel gringa, y vuelve a Venezuela para infiltrarse en el chavismo como espía de la CIA. La Venezuela con la que se encuentra no es la misma. La rochela caribeña de la era Chávez, en la que el perico y las putas en orgías revolucionarias definían a una nación pendeja que todavía creía en su líder, se acabó para dar paso a una crisis humanitaria en la que potencias extranjeras se reparten lo que queda de país. Es un Juan mucho más amargo, enfrentando una realidad que ya no da risa.  
  • ¿Imaginaste esa versión de Maduro en interiores jugando billar en el avión presidencial o se apega a alguna anécdota en particular?
  • Todas las situaciones del libro tienen origen en información que he recibido, pero obviamente están dramatizadas dentro del lenguaje y la demencia de Juan Planchard.  
  • ¿Es posible el fin para estas mafias que cuentan con un gran poderío internacional, amparado a su vez por la incertidumbre global y las noticias falsas?
  • El crimen existe desde la creación del mundo. No creo que sea realista aspirar a acabar con él. Pero se puede soñar con cambiar las cosas en Venezuela, tratar de que sea un país normal y no un conglomerado de criminales de todas partes del mundo. La inmensa mayoría de los venezolanos sigue intentando ganarse la vida sin hacerle daño a nadie, sin robar. El planteamiento de Juan es que, por más que lo intenten, no lo van a lograr; pues la revolución está diseñada para que sea prácticamente imposible ganarse la vida decentemente. Esa dualidad de opciones, morir de hambre en la decencia, o vivir en la abundancia como revolucionario, es lo que ha convertido a tantos en monstruos. Piensa en los diputados opositores de la asamblea que se vendieron. Piensa en Roque Valero, en Winston. Son gente que sin duda creció con sueños distintos, nadie crece soñando que algún día se va a enriquecer a costillas de destruir la vida de millones de personas. El propio Winston lloró cuando cerraron RCTV. Pero son personas que se enfrentan a la decisión de pasar hambre siendo decentes, o hacerse millonarios a cambio de renunciar a la dignidad. Y lamentablemente mucha gente es débil y prefiere venderse, aunque sientan asco por ellos mismos. Esa es la gran tragedia de nuestro país, la enorme cantidad de gente que prefirió venderse. Y Juan es uno de ellos. Un monstruo envilecido por un sistema diseñado para envilecer. Cuando el disidente soviético Sergei Dovlatov emigró a EEUU, dijo una frase muy famosa: “Siempre maldecimos a Stalin, y con razón. Pero quisiera preguntar… ¿quiénes fueron los que hicieron 4 millones de denuncias a la KGB? No fue la policía secreta, fueron los ciudadanos comunes”. Así funciona el comunismo, envileciendo a la gente común. Siempre se supo que Chávez era un asesino, desde 1992. Ya en el 2003 se sabía que no respetaría la constitución. Y sin embargo muchísima gente lo apoyó, y otra tanta guisó con él. Todos ellos son partícipes del crimen. Es fácil culpar a Juan Planchard y exculpar a la nación. Pero la realidad es que a Venezuela no la mataron, Venezuela se suicidó. 
  • ¿A propósito de su última película “Resistance”, ve alguna similitud entre el holocausto judío y el trágico episodio de un pueblo saqueado, humillado, expropiado y asesinado ante la mirada esquiva y excesiva neutralidad del mundo, como ocurrió con el pueblo venezolano?
  • Me enorgullece que varios venezolanos que participan en nuestra resistencia, hayan encontrado inspiración en los personajes de mi película. Pero son realidades completamente diferentes. En todo caso, lo de Venezuela se parece más al Holodomor de Stalin. Y aunque es cierto que el mundo reaccionó al crimen chavista con 17 años de retraso, no creo que ahora se le pueda acusar de neutralidad. Casi todos los países serios reconocieron a Guaidó como Presidente legítimo y eso es muy significativo, aunque no haya tenido los resultados que todos esperábamos. 
  • @damasojimenez

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