viernes, agosto 19, 2022
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LA CRISIS VENEZOLANA Y EL FUTURO DE CUBA, POR ARIEL HIDALGO

Lo más probable en este momento es una profunda preocupación en los altos mandos de Cuba. Un régimen que concentra casi la totalidad de bienes de producción en manos del Estado, es incapaz de sostenerse por sí mismo, pues al requerir de un enorme ejército de burócratas para administrar esos bienes es incapaz de controlarlos tan eficientemente como lo hacían antes miles de capitalistas, terratenientes y pequeños propietarios, realmente interesados en la conservación y productividad de todos esos bienes, ya que una propiedad que supuestamente es de todos, no es en realidad de nadie y en consecuencia lo que les interesa a esos funcionarios son las ventajas y el poder que le proporciona ese control. Los “faltantes” y “desvíos” reportados en numerosas auditorías constituyen sólo la punta del iceberg, pues esos auditores son también burócratas y por tanto tan corruptos como aquellos a los cuales auditan. En otras palabras, esa centralización propicia una corrupción generalizada que da lugar a una crisis estructural permanente, la que a su vez genera más corrupción en un ciclo repetitivo en espiral.

¿Entonces por qué ha podido mantenerse durante más de medio siglo? No sólo por la represión, sino sobre todo por contar siempre con dos factores: fuentes de sostenimiento económico y válvulas de escape de las presiones sociales. La fuente ha ido cambiando, primero el alto precio del azúcar en el mercado internacional y luego el subsidio soviético. Pero cuando ese precio cayó y el campo socialista desapareció, esa dirigencia se encontró de pronto sin fuente alguna y enfrentó el peligroso “período especial”.

¿Por qué no se derrumbó entonces? Por otro factor: la válvula de escape, consistente en éxodos masivos cuando los ciclos de corrupción-crisis alcanzaban su máxima expresión, generalmente cada catorce o quince años: Camarioca, Mariel y finalmente en 1994, tras la protesta del llamado maleconazo, el éxodo de los balseros. A partir de entonces ese recurso también deja de funcionar por la política estadounidense de devolver a Cuba a los refugiados interceptados en alta mar y una vigilancia marítima reforzada. Si suman, a partir de entonces, catorce o quince años más, caemos exactamente en la sucesión raulista.

Se recordará la alarmista frase de Raúl Castro de que “estamos al borde del abismo” y la afirmación de algunos académicos de la Isla de que el modelo cubano se ha agotado completamente. Había que buscar entonces un sucedáneo de las válvulas de escape migratorias: las reformas. Se comienza a aflojar las ataduras que frenaban las actividades económicas independientes y a conceder algunas migajas de libertades, pero el objetivo verdadero es crear expectativas de cambios entre la población y evitar la explosión social para mantener el control del Estado-Partido y de la burocracia sobre los principales bienes de producción, como se revela claramente en su reciente discurso en el XX Congreso de la CTC: “la empresa estatal es y será la forma principal en la economía nacional, de cuyos resultados dependerá la construcción de nuestro socialismo”. Al mismo tiempo, había surgido una nueva fuente de sostenimiento: el subsidio petrolero de la Venezuela chavista.

Analicemos ambos factores, válvula de escape y fuente de sostenimiento. Mesa Lago, el más prominente conocedor de la economía cubana en la Diáspora, declaró recientemente que muchas medidas tomadas para capear la crisis tienen más bien efectos adversos, que el salario real y las pensiones se han reducido considerablemente y que si el gobierno cubano pierde el subsidio venezolano, es imposible que sobreviva. De ahí que los militares cubanos en Venezuela salgan ferozmente contra los manifestantes. Según dos generales venezolanos retirados, la mayoría de los represores son cubanos, y los propios estudiantes denunciaron que los cubanos “nos atacan de manera vil y salvaje”.

Como contrapartida, la oposición busca la alianza simbólica con el héroe nacional cubano: su líder, Leopoldo López, despidiéndose de los manifestantes a la sombra de su estatua antes de entregarse a sus captores, y los estudiantes, disfrazando su imagen de manifestante, con carteles a sus pies y máscara con la bandera tricolor. Si se produce la caída de Maduro y las reformas terminan siendo contraproducentes, no será nada aventurado predecir otra primavera en la isla-llave de las Américas.

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